15 de noviembre de 2016

Baloncesto puro

Rodrigo San Miguel, el jugón del Azúa




Rodrigo San Miguel en el patio del CEIP Dr. Azúa

        
       Para disfrutar del baloncesto en estado puro hay que pasarse por el patio de algún colegio a la hora del recreo o al terminar las clases. Es imposible encontrar un lugar y un momento mejores para la práctica de ese estilo de juego en el que niños y niñas tienen libertad para empezar cuando quieren, retorcer el reglamento o decidir cuando ha llegado el momento de parar. No hay suelo de madera, aros flexibles ni balones de piel, pero el espectáculo está garantizado. Tampoco hay cheerleaders meneando pompones de colores o una mascota dando palmas y brincos. Solo un caos de mochilas, cuadernos y ropa que observa inmóvil y en silencio como al otro lado de la línea de fondo la chiquillería bulle de animación mientras disfruta del juego.

        Como el éxito en el patio se mide solo en gozo y alegría, todos quienes han jugado allí han sido estrellas alguna vez. El mayor triunfo es perder la noción del tiempo plegando horas hasta convertirlas en instantes, y el trofeo más grande, la memoria repleta de terabytes y terabytes de highlights que nunca se verán en la red.

        Para los entrenadores de equipos escolares es un reto enorme conseguir día tras día que niños y niñas mantengan las ganas de lanzar la mochila tras la línea de fondo nada más salir de clase; que descubran en el aprendizaje de los fundamentos nuevas formas de disfrutar del juego; que conviertan la competición en una fiesta en la que el progresola mejora destaquen por encima del resultado en el marcador; y que con el paso del tiempo, cuando sean adultos, perdure en su memoria el recuerdo de esos días en que las horas pasaban volando mientras jugaban como auténticas estrellas.

      Por eso, lo mejor que se puede transmitir a quienes empiezan es el ejemplo de aquellos que siguieron jugando al abandonar el patio sin perder el espíritu del niño que fueron.

    Rodrigo San Miguel es tan solo uno de esos chavales que jugaba en su colegio a todas horas. Fue afortunado por caer en el Doctor Azúa de Zaragoza, donde se consigu que jugar fuese más fácil que no hacerlo. Desde el principio supieron conducirle por el camino del aprendizaje de los fundamentos y de la ortodoxia sin permitirle olvidar que lo más importante era seguir disfrutando al jugar en el patio. Y ahora, después de muchas temporadas de una sólida carrera profesional construída sobre la base del sacrificio y la determinación, sus ojos siguen brillando cuando juega, reflejando la alegría que nació en el patio del Azúa jugando puro baloncesto
 
Rodrigo San Miguel en el III Campus Salinas de Jaca (julio 2016)